México, lo extraordinario

“No intentes entender a México desde la razón, tendrás más suerte desde lo absurdo, México es el país más surrealista del mundo” A. Breton

Hace ya 177 días que vine a vivir a la ciudad más encantadoramente caótica del mundo. Cuatro meses dan para mucho, para tanto que me sería imposible resumirlo en un solo post y que fuera algo más corto que El Quijote.

Los cambios no son fáciles, incluso cuando piensas que van a salirte solos, que es algo hecho, que es fácil porque vienes a un país hermano…  Incluso con todo a favor, son muy difíciles.

Mi caso parecía sencillo desde antes de venir. Soraya, una de mis mejores amigas desde la infancia vivía aquí y para mi suerte, trabaja en mi empresa. El proyecto era conocido ya que llevaba en la compañía unos seis años. Había venido de visita un par de veces por lo que conocía la ciudad y a mis futuros compañeros. En apariencia, lo básico, estaba cubierto y parecía fácil. Pues bien, debo reconocer que infravaloré lo que iba a suponer un cambio como este.

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Ciudad de México desde las alturas

Te encuentras en una ciudad en la que visitar no es vivir. Su ritmo es frenético y nadie parece hablar tu idioma aunque todos descendamos de Cervantes. Los negocios son… digamos que diferentes (solo esto merece un capítulo aparte). Y la gente que te rodea son todos familiarmente desconocidos. Puede parecer una paradoja pero creo que es la mejor manera de explicarlo. Los mexicanos son amables y cercanos en apariencia, pero llegar a conocerlos en detalle y a intimar y formar parte de su círculo cercano es un poco más complicado.

En definitiva todo, en especial los detalles insignificantes del día a día, es diferente.  Las pequeñas tonterías que marcan tu confort, se convierten en luchas constantes y eso, hace que te vayas a acostar con la batería en rojo.

 Y te recuerdas a ti misma diciendo: “De esta experiencia hasta lo negativo tendrá consecuencias positivas”.  Sí, me lo recuerdo a menudo. De hecho, cada vez que quiero “mandar a la chingada” a algo o a alguien.

 Por suerte, creo que lo peor ya ha pasado. Tras los primeros tres meses todo empieza a cobrar sentido. Te sientes cómoda, vas conociendo gente que te gusta, creas tu círculo de confianza, aprendes a moverte, conoces los sitios a los que te gusta ir, sabes los sitios donde no debes ir… aprendes a crearte una nueva vida y situar a “tu yo” dentro de esta.

Y es que México… enamora!!  Enamora como lo hace ese amigo que te saca de quicio, pero sin saber porque, algo dentro de ti te hace adorarlo. México te saca la sonrisa incluso cuando quieres llorar. Y Ciudad de México es una ciudad apasionante. Con más vida que cualquier capital europea, rodeada de cultura, de opciones a nuevas experiencias. Es apasionada, divertida, intrigante, acelerada… Es digna de ser conocida y especialmente VIVIDA.

André Breton, uno de los principales exponentes del surrealismo, ya intentó advertirnos a los pobres europeos: “No intentes entender a México desde la razón, tendrás más suerte desde lo absurdo, México es el país más surrealista del mundo”

Los españoles tendemos a pensar que somos latinos, mediterráneos de sangre caliente. Pues vengo a romper estos mitos porque queridos amigos… somos relojes suizos, maquinaria alemana, puntualidad británica, una Lövbacken de Ikea… Vamos, que somos más europeos que el himno de la alegría! Y de eso solo te das cuenta cuando vienes a un país como México.

Debemos en este punto, entender esta ciudad y este país desde ese absurdo que decía Breton. Pero diría que considerando como “absurdo” todo aquello que es novedoso y ocurre más allá de lo que estamos acostumbrados a conocer, sentir, creer e incluso vivir.

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La magia de lo absurdo

Por eso ahora, he decidido entender no solo México, sino la vida desde lo absurdo. Creo que es en lo absurdo donde se puede encontrar lo extraordinario.
Y México para mi está siendo extraordinario.

 


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